He tenido la sueIMG_5711rte de participar en el Simposio de la Federación Internacional de Fe y Alegría sobre la innovación. Y quisiera compartir con ustedes algunas cosas de las muchas que aprendí.
Lo que primero llama la atención es encontrar una institución de 60 años de existencia interesada, yo diría que casi obsesionada, por producir novedad. Las instituciones tienden a acostumbrarse – si rápidamente a los caminos logrados, a reproducir rutinas conocidas. Crear novedad exige esfuerzo, riesgo, remar contra la corriente. La burocracia es enemiga de la novedad.

Ese miedo a lo nuevo tiene algo de fundamento. No se trata de innovar por innovar. Ni toda innovación es buena. La innovación es para mejorar algo que es nuestro objetivo. En Fe y Alegría están claros que quieren innovar para producir una educación popular de más calidad para los pobres. Por eso la innovación está fuertemente ligada a sus raíces institucionales, su identidad y misión. Nace de la pasión por la educación popular de calidad.
De otro modo sería muy difícil crear una actitud, un hábito de innovación. Porque la creatividad no se decreta. Es una cultura que se construye colectivamente. No se trata de encontrar a alguien que invente cada día algo nuevo. Es implicar a la comunidad educativa en la búsqueda de una mejor calidad como expresión de su cariño al sujeto que se educa. Es una actitud permanente, nunca satisfecha por sus logros. Supone pasión, entusiasmo, capacidad de riesgo. Porque la persona creativa corre el peligro de  equivocarse.
Por eso hay que empezar por cambiar el concepto de error que, con frecuencia, tenemos los educadores. Solemos entender el error como fracaso. Cuando muchas veces es el resultado de la búsqueda, de la pasión por aprender. El camino de la innovación está lleno de intentos fallidos. Quién no arriesga a equivocarnos – si nunca descubre la novedad. Limita – Si la repetición y su aprendizaje está limitada a grabar en la memoria para reproducir. Quien no ha entendido esto enseña a repetir, no a pensar.
A veces creemos que la innovación es una intervención espectacular que trastoca todo nuestro medio ambiente. Pero la innovación está con frecuencia en su germen, que nace pequeña y frágil pero gravida, con la capacidad de crecer y transformar lo que toca. Por eso tenemos que estar atentos al nuevo brote, que toca pequeño y frágil, para ayudarle a crecer y esperar que se defina trigo o cizânia. Es trabajo paciente de atención, cuidado y espera.
La mejor innovación es la que es creación colectiva, producto del esfuerzo de una comunidad de aprendizaje. Cuando un grupo tiene su identidad y misión claras, se deja impactar por su medio ambiente, sabiendo – se encuentra en las fronteras que le desafían, y se interesa por la búsqueda de respuestas coherentes, la creatividad se dispara y surgen nuevas ideas que el grupo mejora y discierne. Por lo tanto el trabajo en red es provocador de innovación, así como la comunicación abierta de iniciativas que se comparten y se enriquecen con el intercambio.
Sin Embargo, el trabajo individual y no compartido tiende a empobrecer – si, a hacer – si incapaz de superar los obstáculos, muriendo en su ostracismo. También el miedo al error, en sistemas autoritarios, desestimula el deseo de innovar. Por eso es importante motivar para la creatividad, construir un entorno de cooperación en libertad. Organizar equipos de trabajo, facilitar la comunicación entre los actores diversos, reconocer los esfuerzos de innovación más que premiar la sumisión repetitiva. Pero, sobre todo, ayuda a situar –  en las fronteras que nos ponen en tela de juicio, dentro de los límites del conocido, donde ya no tenemos mapas para el camino, en el que nos azota la realidad pura y dura. Fé y Alegría busca situar – se donde termina el asfalto. Los jesuitas de América Latina elegimos situar – en los donde comienza la exclusión ( primera prioridad de nuestro Proyecto Apostólico común ).
Debemos situar en la frontera donde una fuerte identidad compartida, a la que nos ayuda a prioridad quinta que habla de la espiritualidad ignaciana encarnada y apostólica, y la sexta, que nos invita a reforzar – nos como cuerpo. Tenemos que hacer frente a la frontera desde una misión clara, de servicio de la fe y la promoción de la justicia en un mundo intercultural e interreligioso. Tenemos que vivir la frontera desde valores institucionales bien apropiados. Pero siempre la frontera provoca la innovación porque nos desestabiliza.
Por Fin la innovación no puede limitar – si a un accidente pasajero. La novedad creadora de valor tiene que saltar de hecho aislado la programa institucional. Debe ampliar – si como fuego enciende otros fuegos, como chispa que provoca el incendio. Para esto es necesario crear estructuras flexibles, que permitan la aparición de la novedad que puede llegar a rompê – as y convertirla – as.
Desde la perspectiva del PAC, sentí que, para nosotros, incluir será innovar.
Doy Las Gracias a la Federación Internacional de Fe y Alegría que, al invitarme a participar del Simposio sobre Innovación, me enseñó nuevos caminos por donde podemos caminar los jesuitas de América Latina.
Jorge Cela, s.j.
Presidente de la Cpal

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